jueves, 28 de agosto de 2008

¿Con cubiertos o con los dedos? [II parte]

Y aquí están los dos textos de la discordia ;-)


· Guillermo García Valera:
En estos tiempos en los que los quintos de cerveza se destapan usando la dentadura, no viene mal reivindicar la urbanidad cuando uno está sentado a la mesa y el rol decisivo de los cubiertos en nuestras vidas. Puntualizo: no se trata de comer langostinos usando tenedor y espátula, ni de
hacer la guerra a los palillos (todavía alguien me acusará de anti-oriental). Pero es innegable que la humanidad comenzó a adquirir rasgos de civilización cuando contó con un cuchillo bien afilado para trinchar el filete de Diplodocus. (O para zanjar disputas con el vecino de caverna.) De niño, sufrí el azote de la buena educación. Mis padres me inculcaron con tenacidad modales exquisitos de los que conservo todo menos la exquisitez. Astérix y Obélix, unos de mis primeros héroes, se daban festines a dos manos con jamones de javalí; en mi inocencia, los envidiaba por ese gesto preñado de libertad. Ellos alimentaron mi inicial rebeldía contra las enseñanzas dirigidas a hacer de mí un caballero. Al final, se impuso en mí el criterio de la buena usanza, y ya no me pongo ante un plato sin la compañía de los imprescindibles cubiertos.


· María Cánovas Martínez:
Qué sabio aquel Juan José Ballesta de Planta cuarta cuando rezó que de mayor montaría un restaurante que llevaría por nombre 'Con los dedos'. Evidentemente. Pero no se vayan ustedes a pensar que por no querer ni ver los cinco cubiertos a cada lado del plato resulte ahora que voy por la vida a lo hombre de Cromagnon. Las mejores comidas de mi vida son las que me hacía mi madre para merendar. A mordiscos. Así disfrutaba yo de aquellos bocadillos mientras correteaba por las calles estrechas de mi niñez. Lo recuerdo con la certeza de que lo referente a las manos guarda un cierto toque de ingenuidad, no de dejadez. Sin embargo, aún me sigue seduciendo el no resistir la tentación satánica de mojar el pan en cualquier salsa. Y que la sociedad siga cargando con su losa. Igual es que tiro a lo plebeyo, como en la Antigua Roma, donde no se comía con otra cosa que no fuera las manos. Unas buenas gambas a la plancha o, que no se diga, un gran cucurucho de vainilla o una deliciosa porción de pizza. Si puedo, sin cubiertos. Es más, se trata de eso. Disfrutar. "La cena de la otra noche estuvo pa chuparse los dedos, ¿eh?". Amén.



Y que le digan a un murciano que se coma el pastel de carne con cuchillo y tenedor...

¿Con cubiertos o con los dedos?




Hoy podría ser un gran día por muchas cosas, entre ellas, porque hace un sol de escándalo, porque los enanos vendrán a comer este mediodía, porque mañana acabo las prácticas o porque el sábado, por fin, tengo planes.
Sin embargo, creo que hoy es un gran día, aunque igual la expresión es algo exagerada, porque después de tanto tiempo voy a consumar algo que llevaba mucho queriendo hacer.
Y se cumple mientras escribo.

Quizás es que no tenía ninguna 'excusa' para volver a retomar este blog, pensar en darle un cambio de look en cuanto al contenido se me hacía difícil. Así las cosas, y a pesar de los tiempos que corren, ¡no tengo internet! Al menos en casa, porque lo que pocos sabrán es que hace mucho que caí en la tentación satánica de viajar por la Red desde el curro :-)
No sé cómo pude aprobar la asignatura escribiendo post a contrarreloj cada vez que alguien me dejaba 'conectarme' a él. Pero sucedió.

Nada más comenzar las vacaciones, la idea de hacer un blog –que sí, que Tecnología sirve para algo–, se implantó en la cabeza de una compañera de carrera y en la mía propia. Tardó en nacer, y más ha tardado en concebir un sólo mensaje, mío, el único, para más señas. No cumplimos el objetivo, pese a que la idea era bastante seductora.

Así que aquí vengo hoy, dispuesta a escribir semejante sermonete sobre lo que me ronda. Además, me trastoca cada vez más ver las visitas que llegan hasta aquí, incluso, desde el otro lao del charco. Qué disparate.

Claro, y el hecho de que haya dejado atrás,
HOY mismo, la pereza y el '¿qué digo?' se explica por la aparición estelar de mi careto en El gran debate de La Opinión, en su versión impresa.

Ahora ya sabéis dónde me he metido estos meses.
Entre especial y especial, hemos sacado tiempo para aparecer dos veces
a media columna veraniega, esta vez debatiendo sobre el arte de comer con cubiertos o con los dedos –de ahí la preguntica–, mientras la anterior discutimos amistosamente sobre mares.

Y esa alegría que se lleva mi cuerpo.
Ciertamente un orgullo, si recuerdo las incanculables veces que me he imaginado estampada en las páginas de un diario.


Pic: ¡El yogurt se come con los dedos!