Gracias Getafe, gracias. Gracias por reconciliar a los aficionados con el fútbol, a aquellos que pensaban que no era posible volver a morderse las uñas de tensión, que no era posible verse cruzando los dedos implorando a Dios, que no era posible ansiar el minuto 90 como la llegada a la gloria, que no era posible volver a ilusionarse con un partido, que no era posible desgañitarse con cada gol como si fuera el mejor de la Historia. Y ahí mismo es donde estás, ‘Geta’, porque no has llegado a semifinales de UEFA, lo has hecho a la historia futbolística... y a millones de corazones españoles. Gracias, porque llorar de impotencia no es estar decepcionado y porque 120 minutos de ambición no se regalan todos los días.
Se queda con todos nosotros el 10 de abril de 2008, espléndido, para los restos, para los siempres. Que uno ya se cansa del discurso de turno: que si los cracks, que si los árbitros, que si las salidas, que si las entradas, que si lo televiso yo y no lo televisa el otro. Y tú, Getafe, llegaste en ese momento en el que todo se podía esperar y paseaste tu orgullo, tu dignidad, tu superación. Qué te voy yo a decir, si hasta mi madre, anti-fútbol convencida, se dejó llevar. Que el fútbol no es merecedor de llamarse ‘deporte rey’ si sólo un equipo es capaz de comportarse como tal; pero, bien, se dice, siempre es maravilloso distinguirse de los demás.
Fuiste eliminado de la competición, como el que al final pasa por ella sin más, pero nada más lejos de la realidad, la huella que dejas es mucho más grande que aquél mero dicho de merecer y no poder.
Ya desde el pitido inicial te hicieron demostrar que no estabas ahí debido a la suerte: De la Red vio la roja directa cuando no se había llegado ni al minuto cinco de partido. Había tanto en juego... Nunca perdiste el norte y fuiste a por todas. Creíste en ti y conseguiste meter el miedo en el cuerpo a los alemanes. Se lesionó Uche y tú seguiste en tus trece. La entereza hizo que te encontraras de frente con el 1-0 gracias a Contra, el héroe de la ida. Qué lujo. El Coliseum se volvía loco, más de diez millones de telespectadores [bárbaro] saltaron del sofá y el Bayern se fue al descanso con la papeleta.
Y cuánto prometía la segunda parte. Braulio te falló cuando estaba sólo con Kahn ya superado, y Bussacca anuló un gol a tu contra de Toni, que despuntó para avisarte de que ellos también estaban en el partido. Decidiste encerraste atrás y aguantar el asedio alemán, pero, cuando la victoria se dejaba entrever, a un mal despeje le continuó un gol de Ribery al borde de los 90’.
Y no te preguntaré el porqué, sino que cómo fuiste capaz de aguantar 30 minutos más. ¿Cuál es la manera? Te creciste más que nunca y, no sólo eso, sino que volviste a recalcar por qué te has ganado a toda España con esos dos goles de Casquero y Braulio, respectivamente, en los primeros compases de la prórroga. El éxtasis. Sensacional. ¡El pase rezaba tu nombre! Y aunque lo extraordinario ocurre en pocas ocasiones, esa noche se tuvo que presenciar encarnado en dos momentos inoportunos; maldita casualidad que hizo que, esta vez a medio minuto del final, Luca Toni nos hiciera pasar de la gloria a la pesadilla más cruel. Mannaggia.
Dos veces, ‘Geta’, dos. Alguna extraña fuerza quiso que, lo que esa noche esperaba por ti, no se hiciera realidad. Pero lo intentaste, no bajaste los brazos, lo diste todo. Una lección que duró dos horas de coraje, una lección que sólo tú supiste dar.
Con un deseo generalizado, pasamos del éxtasis al infierno en un abrir y cerrar de ojos. Qué injusto y qué grandiosidad. Te has ganado el respeto y la admiración de tantos que, por eso, ahora, ‘Geta’, tu afición se cuenta por millones.
Quién se lo iba a decir a Beckenbauer. Igual, a partir de ahora, no se le olvida dónde está la ciudad de Getafe.
domingo, 13 de abril de 2008
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